viernes, 2 de marzo de 2012

Los científicos, los sabios y la crisis



¿Hubo "recortes" en tiempos de Calderón de la Barca? :

Cuentan de un sabio que un día
tan pobre y mísero estaba,
que sólo se sustentaba
de unas yerbas que comía.
¿Habrá otro –entre sí decía–
más pobre y triste que yo?
Y cuando el rostro volvió,
halló la respuesta, viendo
que iba otro sabio cogiendo
las hojas que él arrojó.

Leyendo este fragmento de su obra La vida es sueño, resulta sorprendente la reflexión.

jueves, 2 de febrero de 2012

Cuando el alma se esconde


Cuando la facultad de saber que somos nos abandona o se desdibuja nuestra lucidez o nos invade la niebla, cuando se nos escapan la razón y la conciencia, ¿dónde se esconde el alma?

El tiempo comienza a carecer de sentido y ya, casi no importa tanto la hora que marca el reloj o si caminas o te sientas.

El cristal de nuestra ventana se torna translúcido y pierde interés lo que hay detrás, ni siquiera se adivina. Aquellos colores, hasta los sencillos blanco y negro poco importan ya a los ojos. Quedan para ser fantasmas de humo.

La palabra y la música llegan como un viejo eco sin sentido, de algo que reconocíamos y ahora apenas nos conmueve. Hubo una hermosa sinfonía, pero se termina la partitura y, tal vez unos apuntes, pero las letras se han borrado.
La risa, la tristeza y el llanto, la soledad, la alegría, el cariño y la calma, la bondad, la ira, el valor, el gozo y la ternura se deshacen en el olvido.

Un desierto absurdo aparece como único y monótono paisaje sin horizonte, para un tren que viaja y se aleja sin destino alguno.
Qué fue de los ríos, de los árboles, de la lluvia y del sol. Desaparecieron las gaviotas, las montañas y casi, hasta el mar.

Todo corre muy deprisa, pero al reloj se le va gastando la cuerda.
Un viejo tronco de madera se va deshaciendo, aunque un día fue un gran árbol y le vimos crecer. Hoy se nos está quedando sin hojas para terminar en nada.
Todo parece un sueño.

¿Dónde se esconde el alma?

domingo, 15 de enero de 2012

Me lo ha contado René Descartes

"...los que han sido durante largo tiempo buenos abogados, no por eso son luego mejores jueces"


"...la multiplicidad de leyes frecuentemente sirve para los vicios de tal forma que un Estado está mejor regido cuando no existen más que unas pocas leyes que son minuciosamente observadas..."


Directores, subdirectores, secretarios, subsecretarios, vicesecretarios, asesores, ministros, diputados, senadores, concejales, alcaldes, consejeros, viceconsejeros, vicepresidentes, presidentes...y ya me he cansado de apuntar cargos.
Bien, pues resulta que, al parecer, lo mismo sirven para un roto que para un descosido.
Y también dicen los entendidos, que basta con que sean buenos gestores.
¡Qué cosas hay que digerir!
Luego se han de rodear de asesores, que dicen que son los que entienden -hay que digerirlo también- y con añadir una gran variedad de "condimentos y aderezos legislativos" ya tenemos una buena ensalada.
Nuestro adorado estado de bienestar...para algunos, claro.
Pues, con esta comida, pienso ayunar, que se me antoja más sano.
Y añado que cuando a un árbol se le empiezan a secar algunas ramas y a estropear algunas raíces, termina secándose.
Las dos frases del principio, las escribió hace unos 400 años el amigo Descartes. Hay quienes dicen que el cartesianismo murió hace mucho tiempo...
¡Qué poco hemos avanzado socialmente!

sábado, 20 de agosto de 2011

Teatro de la vida

Luz, alegría y pena. De todo hay.
Intérpretes que hablan, ríen, lloran, gritan, se arrastran, hacen y juegan a ser.
Alguno lleva los ojos tapados.
Otro se ha vestido de silencio, uno de queja, aquél de vacío, otro de templanza, y de complicidad, cansancio, esperanza, cariño, sabiduría.
¡Qué buen vestuario!
Hay movimiento y, a ratos, tranquilidad y calma.
Alboroto, música, ruido.
En cualquier momento, comienza el segundo acto o el acto final y sin sabernos el papel.
No sé si habrá aplusos o abucheos o, siquiera, algo.
Tampoco sé si me importará.
Quizá no haya público.
Hay veces que me siento extraño en este teatro.

miércoles, 1 de junio de 2011

Metidos en harina, al margen de otras consideraciones

No llego a ver muy claro por qué razón hay que ser de derechas, de izquierdas, de centro o de cuarto y mitad de esto y aquello.
No me gusta estar encasillado y prefiero ir por libre.
Creo que se puede cambiar de criterio, incluso puede ser saludable hacerlo de vez en cuando. Lo que hoy defenderíamos como totalmente cierto, mañana puede no serlo tanto.
Quiero decir que, con los años, uno ve que las cosas no son blancas o negras, de izquierdas o derechas.
¿Quién puede asegurar que lo que hoy tenemos como cierto, seguirá siéndolo dentro de 300 años, por ejemplo, aplicando este símil a la ciencia?
Con mayor motivo, ¿cómo no van a cambiar las ideas?
Prefiero quedarme en el mar de las dudas, como Descartes y ser revolucionario, dentro de un orden. ¿Cómo, si no, se pueden mejorar las cosas que se van haciendo?
Seguramente, ante una situación similar, actuaríamos de forma diferente en distintas circunstancias y épocas. No es posible ver una piedra igual cada vez que se la mira.
Mis convicciones, aun pareciendo un contrasentido, las prefiero ligeras, adaptables y duraderas, también, dentro de un orden.
Me gusta más ser junco que poste de hormigón.

Y si miro un poco, y sin muchos prejuicios, a mi alrededor:
Veo mal que el otro día cargara la policía contra una protesta pacífica en Barcelona. Deberían haber sabido gestionar el "conflicto" con más inteligencia. Dejaron en evidencia que los manifestantes van por buen camino.
Los "sabios" (FMI, G20, G8, OCDE, BCE, FED, BM...) y sus ilustrados economistas, antropólogos, politólogos y demás especies intervinientes en la crisis, resulta que no tienen ninguna idea brillante que haga que esto funcione. ¿O es que no quieren?
Lamentablemente, me tengo que inclinar por una respuesta afirmativa, no quieren. Son esclavos de otros que, tal vez no tan ilustrados pero poderosos, les tienen a su servicio.
Bueno, todos moriremos igual, unos en la precariedad y miseria y otros dejando un poder y un dinero incontables. ¡Qué le vamos a hacer! Unos no se pueden llevar la miseria ni otros el poder.
En algún sitio seremos todos iguales, puede que alguno de mis átomos forme parte de una buena bosta junto al de algún ilustrado, político o miembro del G30.

No es tan descabellado pedir mejoras en la democracia, en la sociedad. Dar propuestas para corregir lo que se ha desvirtuado, lo corrompido, lo que no funciona bien. ¿O es que no hay nada que corregir?.
La ética parece brillar por su ausencia en tantas y tantas "eminencias políticas de corbata" que da pena.
Las técnicas de manipulación parecen una asignatura en la Facultad de Ciencias de la Información. ¡Qué bien!
Cabrea la desvergüenza de esos banqueros, empresas y otras subespecies que, expertos en intríngulis financieros, se forran sin el más mínimo pudor, exibiendo su poderío económico con tanta chulería.
Me joroba tanta hipocresía y tanto discurso vacío, no de contenídos, sino de hechos. Que mientan es lo habitual, que prometan, también.
La toma de algunas plazas es ilegal, está mal visto, pero los botellones de todos los fines de semana, se consienten, la policía deja que los que los hacen se emborrachen hasta perder el conocimiento, sean jóvenes, menores o mayores, qué mas da. Esos no suponen un "peligro" para el sistema, están controlados con una pareja de municipales.
El vaso se llena de agua si no se cierra el grifo y el agua se derrama y extiende.
Una gota no lo llena, pero muchas de ellas sí.
(Escrito con letra de color "verde esperanza", por si acaso)

lunes, 23 de mayo de 2011

A vueltas con los átomos

Según la física clásica entiendo que el átomo era lo más pequeño y no divisible. Pero no, tiene más partí-culas que dedos tenemos en las manos. Mesones, gluones, hadrones..., todos ellos con sus contrarios, y, además, los ya clásicos protones, neutrones y electrones, ¡faltaría más!
Resulta que los físicos, que no paran de inventar, se entretienen en hacer "experimentos" bombardeando átomos con partículas y, claro, se los cargan. Platos rotos y otro montón de cosas "raritas" van complicando el tema.

A mí me maravillan los neutrinos. No me importaría ser un neutrino consciente a tamaño natural.
Pero a lo que íbamos. Siguen dándole vueltas y se dan cuenta de que hay algo más, que no se ve, que las partículas que componen los átomos no están solas y “nadan” en otra cosa que forma el noventa y tantos por ciento del átomo. Además, hemos de añadir lo que llaman cargas o energía. Es decir, más cosas que, por ahora, no se ven.
Materia, energía o radiación, vacío…Vamos, que no les falta de nada.
Y ya tenemos el conglomerado, empieza el lío.
Parece ser que todo se mantiene en paz y que los electrones dan vueltas como una noria, saltan de una órbita a otra y no se precipitan hacia el núcleo, de carga opuesta a la suya, por esas otras "energías" o "cargas" invisibles, que mantienen a determinada distancia todo el entramado de partículas. Además, están equilibrados, en número igual neutrones y protones.
Ahora, para la física cuántica, hay que añadirle, además de otras cosas que se me escapan, que los elec-trones orbitan alrededor del núcleo formando nubes ya que si lo hiciesen en órbitas definidas, al gastar su energía para mantenerlas, terminarían perdiendo toda y precipitándose hacia el núcleo. Pero como esto no es así, prefieren lo de la nube de electrones que están en sitios indefinidos. Eso es, al parecer, algo que entusiasma a nuestros queridos físicos, porque las partículas pueden estar en dos sitios a la vez.
Aparte del millón de preguntas que pueden suscitar estos temas, se me ocurre una bien sencilla: ¿por qué todas esas partículas se mueven en lugar de mantenerse quietas?

Ya sé por qué algunas noches no descanso del todo. Tengo ahí todos los átomos que no paran.
Mira tú si nuestros átomos no se mantuviesen a raya y se nos produjera una reacción de fusión en algún átomo con su consiguiente reacción en cadena. Explotaríamos o Implotaríamos, vaya usted a saber.
El tema es apasionante, aunque no nos saque de la crisis económica.
Hay cosas que no nos enseñaron o no aprendimos (en clase, más de una vez estábamos algo distraídos) y que, hombre no nos va en ello la vida, pero también es cierto que el saber no ocupa lugar, tenemos millones de circuitos neuronales en los que colocar todo esto.

Y para no dejárselo solucionado a los físicos en estas letras, me quedo con que debe haber en la naturaleza cierto sabio equilibrio que mantiene todo en marcha.
Eso sí, dicen que hubo un principio (aquello del Big-Bang), que antes no había nada y no me lo creo. ¿Cómo sale todo de la nada y, además, se rige según ciertas leyes que tratamos de entender?

Después se termina todo igual que empezó ¿o no?

viernes, 22 de abril de 2011

AGRADECIMIENTO (Escrito sin pretender escribirlo)

Esto me pasa por ponerme a leer poesías. Pero no me arrepiento.


Ya es…más de la medianoche.
La luna quiso pasearse, llena, muy llena, pero las nubes le estropearon el plan.
A pesar de todo, las sombras de los árboles bailaban despacio, dejándose llevar.  
El reloj del campanario olvidó qué cuenta llevaba y tendrá que volver a contar otra vez.
Hay calma y murmullo de silencio, que un pájaro con la hora cambiada se afana en llenar con sus trinos.
Algunos grillos, a lo lejos, no dejan de rascarse y también acompañan.
Y, como un músico sordo, otro noctámbulo parece decir que allí está también, en el foso de los músicos. Algún que otro ladrido lejano también se une a interpretar la partitura.
Comienza la función.
Leer unos poemas en este teatro, puede ser peligroso porque igual entiendes algo.
Me me dejé llevar por unos versos, no tenía ninguna prisa, por si me daban sueño.
Y, entre ellos, encontré magia y garganta rota de gritar hacia adentro.
La miel y la sangre iban fluyendo en una u otra estrofa y hasta en una sola palabra.
Una palabra. ¿Cómo puede tener tanto sentido una sola palabra?
Se me ocurrió que el poeta te va liando con sus consideraciones y, cuando quiere, tira a dar.
Y se produce el milagro de sentir lo incomprensible.
Sin buscarlo, algo resuena en lo más profundo y desconocido.
Locura, desgarro, queja, oscuridad, grito, silencio y…cualquier cosa.
Pero te encuentras en un puente entre el papel y no sé qué.
Durante un rato, dejé de oír que el pájaro insistía con sus trinos y de tener controlada la luna.
No sé si el reloj se acordó de que tenía que dar una hora, no sé si la una o las dos.
Y yo estaba dentro del papel, entre versos, palabras y letras.
Pero la noche me recuerda que hace fresco.
Mañana no volveré a leer esto, será agua pasada y sólo quedará el recuerdo de que la poesía resultó magia, de que me drogaron con unas hojas escritas.
Todo es papel, pero, ¡qué papel!

lunes, 7 de marzo de 2011

Trabajo, inercia y “wu wei”

Hace ya bastantes años, como era habitual por la edad y las circunstancias, nos subimos a un carro y fuimos desgranando años a golpe de calendario y reloj.
Apenas nos dimos cuenta del paso del tiempo. Entonces, más lento. Y, como si se tratase de un coche con cuarenta velocidades, íbamos pasando de una a otra con las doce uvas.
Hemos ido viendo noviazgos, bodas, nacimientos, bautizos, comuniones, más bodas y bautizos.
Y nosotros, a lo nuestro. Como respirar sólo aspirando, sin espirar más que de cuando en cuando.
El trabajo, la actividad inevitable, el ocio planificado y lo que nos rodeaba acompañándonos en nuestro camino.
Unas veces corriendo, otras andando, algunas, las menos, paseando y siempre dentro de nuestro micro-mundo, atados, como Sísifo, a la tarea de subir el peñasco a la montaña una y otra vez.
Bien es verdad que, a veces, el camino se nos antojaba placentero, pero otras también, monótono o no tan agradable.
Me viene a la mente, la imagen de un metrónomo. Clac, clac, clac…


Costó iniciar la marcha y adquirir velocidad pero lo hicimos, nos podemos sentir a gusto con nosotros mismos.
Hacíamos y teníamos cosas, producíamos.
Según nos tocó o nos agenciamos, tuvimos el cuello de la camisa más o menos amplio y, a fin de cuentas, no nos podemos quejar, tuvimos camisa.
Era nuestra vida, nuestro camino en el carro.
No se trata de presentar una visión fatalista o determinista de la vida, sino de echar un vistazo atrás, desde un cerro y ver lo que ha sido sin más profundidades.
Con el tiempo se iba incorporando a nuestro carro la inercia. Fuimos razonablemente cómodos a nuestra velocidad, requiriendo menor esfuerzo para rodar y satisfechos de poder ver con más calma los paisajes y los acontecimientos que nos iba presentando la vida, libres del continuo esfuerzo del principio.
Y así rodamos.


Pero, llega un día y se te empieza a desmontar el carro. El proceso es más o menos sorpresivo, esperado, voluntario o forzoso, pero en cualquier caso, inevitable.
Unos lo estamos experimentando y otros lo tienen a la puerta.
En este punto, ya no tenemos la necesidad de producir, de hacer, de conseguir o de demostrar.
Resulta que decrecen nuestras actividades inevitables, nuestro ocio planificado y se nos plantean incógnitas nuevas o que teníamos relegadas.
Éramos tan apañados, trabajadores, tan ocurrentes y tan válidos que podemos hasta pensar en la sinrazón de una sociedad que prescinde de tales elementos.
Pues sí, somos prescindibles y además, no nos hace falta la inercia.
Nuestra inercia adquirida, compañera de tantos años, se hace más palpable y puede volverse algo incómoda y resistente a permitirnos reducir la velocidad de nuestra marcha.
Tantos años trajinando y ahora te cuesta pararte.
El reloj deja de tener el sentido que le habíamos dado y el paisaje se torna diferente.
En definitiva, hemos de seguir caminando según nos permita el cuerpo y retomar las riendas con otro ritmo. Parece obvio y sencillo pero, el inconsciente nos puede esconder este cambio y, dicho de otro modo, un día podemos sentirnos vacíos, sin aire en los bolsillos.
Sigues, recuerdas aquél “tengo que…” y te empiezas a dar cuenta de que no tienes que…nada.
Algo suponíamos, esto sucedería, pero parecía tan lejano…
¿Te das cuenta? Resulta que se terminó tu tiempo productivo.


Bien, ya vamos asimilando nuestro recientemente estrenado estado vital.
Y no necesitas un carro, puedes seguir a pié.
Vas sintiendo que hay palabras que empiezan a adquirir un significado más profundo y grato, palabras que estaban ahí pero que, tal vez, no sentíamos mucho como nuestras.
Me refiero a la calma, armonía, disfrute, equilibrio, serenidad, cordialidad, sosiego, placidez, apacibilidad, reposo, amistad y muchas otras más.
Leía en un artículo de una revista algo sobre el vacío productivo contra el ocio en el sentido más completo de la palabra. Podemos no hacer nada. Ese vacío que se torna ocio nos sirve para encontrarnos con nosotros mismos, es la única forma de aprovecharlo, de dejar que se haga el silencio para oírnos, para escuchar nuestro interior y dejar que los procesos que nos organizan los sentimientos hagan de las suyas para uso y disfrute nuestro.
¿Qué mayor disfrute que escuchar el viento o la lluvia sin reloj y sin tenerles que dar sentido?
Se puede ser casi feliz, tampoco vamos a echar las campanas al vuelo, mirando un paisaje cualquiera o a la gente o a un nieto que nos empieza a acompañar.
Y, como puedo comprobar en muchas ocasiones, sentir la compañía de amigos, de viejos amigos con los que ir andando.
Ser como la rama fina de un árbol que se mueve con el aire.
Las tareas y Sísifo quedaron atrás. Puedo subir la peña al cerro pero, por deporte, si quiero.
¡Qué descanso, no tener que demostrar nada!
Lo que sabes, lo has aprendido y lo que no, tal vez te interese y te pongas a ello. Pero, por deporte, si quieres.
No sé a qué filosofía, si es que a alguna, pueden asimilarse estos pensamientos, pero me da lo mismo, es mi filosofía y, por ahora, en mi nuevo estado improductivo me cuadra.
Por ahora, mis endorfinas, dopaminas, neurotransmisores y demás zarandajas, me “colocan” lo suficiente para vivir esta etapa soñando lo que no había podido soñar durante años.
¡Viva el Wu wei!

Wu wei (filosofía taoísta): Algo así como forma natural de hacer las cosas, sin forzarlas con artificios que desvirtúen su armonía y principio.

viernes, 26 de marzo de 2010

Como dijo Campoamor:
"...
En este mundo traidor,
nada es verdad, ni mentira,
Todo es según el color
del cristal con que se mira"