jueves, 14 de febrero de 2013

Oigo, patria, tu aflicción


David Torres

España limita al este con el Gürtel, al oeste con Bárcenas, al sur con los eres andaluces y al norte con Oriol Pujol. España es una piel de Montoro atravesada por incalculables ríos de mierda y de financiación ilegal. Hay guadianas de dinero negro corriendo escondidos bajo la tierra, una intrincada hidrografía de chanchullos que va desde las cataratas de Ana Mato al caudaloso Urdangarín. España no termina en dos orzuelos africanos, como rezan los ingenuos mapas del colegio, sino en Suiza por un lado, donde se alzan cordilleras de billetes robados compitiendo con los Alpes, y en el paraíso fiscal de Delaware por el otro, hasta donde llega la sombra protectora del ático marbellí de Ignacio González. En el imperio trasatlántico de Felipe II no se ponía el sol y en los reinos subterráneos de Juan Carlos I no acaba de salir. Del asco.

Este es la transparencia por la que clamaba Mariano, citando a Juan Ramón Jiménez. La transparencia, Dios, la transparencia. La región más transparente, por recordar a Humboldt y a Fuentes, es todo un cenagal de fango donde lo único claro es el olor: el pestazo nauseabundo de la corrupción. España es un cadáver político enterrado bajo panteones de siglas y fundaciones de cartón-piedra, un inmenso muerto sangrado y expoliado por legiones de cucarachas con corbata, una geografía podrida, una inextricable selva de cuadernos de contabilidad a través de la cual intentan abrirse paso periodistas y jueces con varios años de retraso, como exploradores condenados por su propia desidia.

A España ahora la recorren a los cuatro vientos esbeltas comadrejas de maletín saltando de ladrillo en ladrillo y de caverna en caverna. En las carreteras circundadas por la ruina, el hermoso toro de Osborne se ha metamorfoseado en una rata gorda sin cojones y sin cuernos.

Cada noche, en la corte de los milagros de la televisión se sientan un interminable rosario de desechos de tienta informativa, tertulianos vendidos o alquilados, camafeos de la FAES, lameculos profesionales, reptiles dotados de habla; Mario Conde, un banquero convicto y confeso, da lecciones de ética, y Pío Moa, ex militante del GRAPO reconvertido en historiador alternativo, escribe libros al estilo de Nietzsche, a martillazos. Un homicida sin carné que conducía por Cuba de oído es indultado por unanimidad, y mientras, una pobre mujer que usó una tarjeta de crédito para comprar comida y pañales casi acaba en la cárcel. Aguirre parece un chacal a la espera del último aliento y Rubalcaba un buitre a la espera de la última piltrafa. Al duque de Palma le da miedo ser pobre. Al presidente le asusta la realidad y se esconde en un confesionario de pantalla plana porque no encontraba un doble de riesgo. Los peatones ya no sabemos si esperar la república, la tecnocracia o el neolítico.

España ha vuelto donde siempre estuvo, a las cuevas de Altamira a pintar bisontes a oscuras y a las cenas antropófagas de Atapuerca.

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