CUESTA DE LOS CIEGOS

“Hace falta estar ciego,
tener como metidas en los ojos raspaduras de vidrio,
cal viva,
arena hirviendo...”    (Rafael Alberti)

Es mucho más terrible no ver nada
en estos tiempos en que todo tiene
su pantalla, su página, su imagen.
No ser ciego y estarlo es un delito;
no mirar, no pararse a comprender
lo que ante nuestros ojos se sucede.

Mirar a la alegría cara a cara
sin asustarse nunca y al dolor
con descaro y también sin miedo alguno:
eso sería no estar ciego y ver,
acometer la cuesta de los ciegos,
—la cuesta de la vida—, con coraje,

Pero este es el reino de los ciegos,
de los que sólo ven por ojo ajeno,
del maquillaje y la sonrisa estéril,
reino del disimulo, de los escaparates,
de lo correcto y no de la verdad,
reino de la ceguera por oficio.

Sin corona y por suerte, nací tuerto.

Fotografía:www.secretosdemadrid.com
Cuesta que salva el gran desnivel  existente entre la Calle de Segovia y la de Bailén, al pie del Viaducto.
Cuentan que por allí se reunían hacia los siglos XV y XVI algunos ciegos que acudían luego a mendigar distribuyéndose por las calles Madrileñas. No es de extrañar ya que los mendigos se agrupaban, según su condición, para vivir más protegidos y ejercer su pordiosería. Además, la zona baja de la Calle Segovia, extramuros en los tiempos más primitivos, era lugar de gentes humildes desde épocas muy antiguas. También era uno de los barrios donde los mozárabes se agrupaban cuando los musulmanes dominaban la Villa, y los mudéjares hacían otro tanto tras la conquista cristiana.  
Cuenta una tradición que Francisco de Asís untó con aceite los ojos de algunos ciegos en aquella zona devolviéndoles la vista. Esta historia piadosa es sin duda falsa, no porque el “poverello” no pudiera hacer milagros sino porque es difícil que estuviese en Madrid. Su viaje a España duró menos de dos años, entre 1213 y 1214, aunque no hay fechas exactas. Podría asegurarse que el viaje de ida y vuelta en barco, y el recorrido entre Barcelona y Santiago de Compostela, parando en Logroño y otros muchos lugares del Camino de Santiago, incluso bajando hasta Alcocer en Guadalajara, no debieron dejarle mucho tiempo para visitar Madrid, poco importante en aquel tiempo y fuera de los pasos habituales. Además, aquel viaje que tenía como destino pasar a la España musulmana o al África, se frustró al ponerse enfermo el de Asís.
También se dice que fundó, cerca de esta Cuesta de los Ciegos, el monasterio que lleva su nombre; puede considerarse una historia inventada por lo ya dicho y por la reticencia del santo a fundar monasterios. Hay muchos otros lugares en España que presumen de idénticas fundaciones, por lo general sin ningún fundamento.

■ Enrique Gracia Trinidad

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